Pagaste por un sitio, quedó bonito, y no pasa nada. Antes de culpar al tráfico, vale la pena
revisar cinco cosas que fallan casi siempre y que no tienen que ver con el diseño.

Es la falla más común y la más cara. Alguien llega a tu página de inicio y encuentra una frase
como «Soluciones integrales para potenciar tu crecimiento». Eso no dice nada. Podría ser un
banco, una agencia o una empresa de limpieza.
Lo primero que debe leerse en tu sitio es qué haces, para quién, y dónde.
Sin metáforas.
La prueba: enséñale tu página de inicio a alguien ajeno durante cinco
segundos. Quítasela y pregúntale a qué se dedica el negocio. Si duda, ahí está el problema.
«Somos una empresa con más de quince años de experiencia, comprometida con la excelencia y
la satisfacción de nuestros clientes.»
A quien está leyendo eso no le importa. Está ahí porque tiene un problema y quiere saber si
se lo resuelves. Tu experiencia importa después, como respaldo, no como apertura.
Cambia el sujeto de tus frases: en vez de «ofrecemos servicio a domicilio», escribe «no
tienes que mover el coche». Es la misma información desde el lado del cliente.
Muchos sitios describen bien el servicio y luego dejan a la persona sin saber qué sigue.
O peor: le dan seis opciones simultáneas —llámanos, escríbenos, síguenos, suscríbete,
cotiza, agenda— y la parálisis hace que no elija ninguna.
Una acción principal por página, repetida, visible sin buscarla. Las demás
opciones pueden existir, pero en segundo plano.
Formularios de ocho campos para «solicitar información». Registro obligatorio para ver
precios. Un teléfono requerido cuando la persona apenas está explorando.
Cada campo que agregas tira gente. La regla es pedir lo mínimo indispensable
para dar el siguiente paso, y nada más. Nombre y una forma de contacto suele bastar.
Y una pregunta honesta: ¿de verdad vas a usar todos esos datos, o los pides «por si acaso»?
Un sitio sin fotos propias, sin nombres, sin dirección visible, sin testimonios, genera una
duda silenciosa: ¿esto existe?
Las señales que más pesan son las más simples y baratas:
No los cinco a la vez. En orden de impacto:
Cuál de los cinco te está costando más depende de en qué punto se está yendo la gente. Eso se
ve mirando el recorrido completo, desde cómo te encuentran hasta dónde dejan de avanzar.
Media hora. Revisamos juntos de dónde viene tu gente, dónde se te está cayendo
y qué mueve la aguja primero. Sales con claridad, contrates o no.